Y envejezco. No me queda más remedio que reconocerlo. Mis manos me delatan.
A simple vista apenas se aprecia, pero yo puedo ver pequeñas manchitas, la piel menos tersa, las venas más marcadas...
Mi cara envejece menos. ¿Quizá al estilo de Dorian Gray existirá por ahí un retrato mío que refleja todas mis enfermedades y mis malas conductas? Porque el resto de mi cuerpo sí que sufre el paso de los años. En forma de crujidos mañaneros, de dolores articulares, de cansancios exagerados...
Pero así es la vida. El cuerpo va degenerando, descomponiéndose. Mientras el alma permanece aún joven, sintiéndose como si aún tuviese veinte años. Lamentando lo que podía haber hecho y no hizo. Pensando en cómo podría haber cambiado las cosas para que el presente fuera diametralmente opuesto...
Pero la vida no admite ensayos. Es una representación única. Corremos veloces hacia el final, a veces a lo loco, sin saber muy bien lo que hacemos, hasta que casi sin darnos cuenta el tiempo se acaba y ya no queda tiempo para rectificar. Ni para darse más crema de manos...
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domingo, 14 de junio de 2015
sábado, 9 de noviembre de 2013
Día redondo
Seguro que alguna vez os ha pasado el haber vivido un bendito día en el que parece que los dioses se apiadan de vosotros, los astros se alinean a vuestro favor y todo sale a pedir de boca. Os elogian efusivamente un relato y un famoso locutor lo radia en una emisora de alcance nacional con su voz sonora y expresiva. El chico que os gusta se muestra solícito, simpático y complaciente y os hace una caricia. Tenéis una entrevista de trabajo en una multinacional de primera linea en el sector en el que sois especialistas y os sale bien a pesar de haber llegado con casi media hora de retraso porque la entrevistadora ni se entera ya que estaba entretenida en una reunión.
Pues bien, yo tuve un día redondo ayer. Y para rematar la faena, llego a casa y me encuentro al repartidor de UPS en la puerta que acaba de llegar y me trae los dos cartuchos de tinta (negra y de color) más el papel fotográfico que necesitaba, cuando dicho repartidor tenía previsto pasar por mi domicilio a las cinco de la tarde y ya son casi las ocho.
¿Qué más puedo pedir? Mucho más, sin duda. La insatisfacción humana no tiene límite. Pero no, por hoy estoy más que satisfecha y ni siquiera me voy a quejar de mi cansancio (culpa de los nervios y de la carrera por perderme y llegar tarde a la entrevista), ni de mi dolor de espalda (idem de idem), ni de mi casa revuelta (sólo yo soy la responsable, y un poco mis gatos también). Porque quejarse es una pérdida de tiempo. Lo es todos los días, pero sobre todo un día tan redondo como hoy.
sábado, 5 de octubre de 2013
Déjala marchar
"Solo necesitas la luz cuando se está consumiendo."
En la mesa quedó tu cesta, vacía y sola como tu cuerpo...Pero debo dejarte marchar, como las hojas en otoño. Y yo debo seguir con mi vida, con mi montaña rusa sin anestesia, con los días azules y con los gris humo. Debo dejarte marchar, porque ya no perteneces a esta tierra de risas y lágrimas...
Dedicado a Lorena, estés donde estés, espero que en un lugar mejor...
lunes, 30 de septiembre de 2013
En el fondo del mar...
Sonido de olas de fondo. Voces de africanos que venden pulseras y relojes baratos baratos. Arena y salitre sobre mi piel. Brisa con olor a mar. Mar que baña mis pies y arena que se desliza bajo ellos. Ambos arrastran todo lo malo de mis venas hasta el fondo del Mediterráneo. No necesito más. No necesito ninguna sustancia. No necesito anestesiarme. Ni pastillas para dormir. Solo sentirlo todo. Oirlo todo. Y respirar.
Agua salada moja mis tobillos y mis mejillas. Inesperadamente, vivo un aquí y ahora eternos que duran un segundo. Todos mis venenos yacen por fin en el fondo del mar...
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Ciervo herido
Te veo como un ciervo fuerte y salvaje que ha corrido demasiado lejos y demasiado rápido hasta que el cazador le atravesó con su flecha. Alguien te la arrancó, pero aún te queda la herida, que a veces te duele y a veces te sangra.
Quisiera decirte que la herida acaba por cicatrizar. Que los días oscuros pasan y quedan atrás como una mala pesadilla. Quisiera decirte que he atravesado el bosque por el que tú caminas y que aunque a veces la oscuridad es profunda, por encima de las copas de los árboles las estrellas siguen brillando y no tardará en amanecer. Que el frío que te cala los huesos desaparece y el sol vuelve a calentarte el rostro. Quisiera decirte que lo peor ya pasó, que el rastro que la flecha dejó en tus entrañas quedará como un amargo y lejano recuerdo que sólo dolerá las noches de tormenta.
Y que la primavera regresará un año más con su promesa de nuevos senderos, más rectos, por recorrer y nuevas lunas, más limpias, bajo las que soñar...
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