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martes, 13 de febrero de 2018
¡RABIA!
Estoy que ardo de la rabia que siento. Estoy que quemo.
Rabia por haber nacido, por no haber muerto.
Rabia por las injusticias
Rabia porque no entiendo.
No entiendo a los humanos.
No los comprendo.
No encajo.
No me adapto.
Me da rabia mi mala suerte.
Mis dolencias.
Rabia por ser mujer discriminada.
Porque no me tomen en serio.
Rabia por no ser feliz.
Por no ser amada.
Por lo pasado.
Por lo futuro.
Rabia por el dolor.
de dentro y de fuera.
Rabia por mi muleta.
Porque me miren raro.
Rabia por mi lado oscuro
por mi inocencia
porque me engañen
porque la gente discuta
y yo salga huyendo.
Rabia por las mentiras.
Por lo que veo que sienten.
Por la hipocresía.
Por mi puta familia.
Rabia porque estoy harta
agotada, cansada, rabiosa,
hastiada de la puta vida.
lunes, 20 de junio de 2016
"Desde aquella noche"
Desde aquella noche
Desde aquella noche
se detuvo el tiempo
esperando tu regreso
sin esperanza
recordando tu piel, tus ojos,
tus gestos, tu fuerza
y mi debilidad
bajo tu cuerpo.
Y mi fuerza sobre el tuyo.
Desde aquella noche,
el tiempo se detuvo
y sigo esperando
como quien espera el último autobús
como el que espera la muerte
o lo que llegue antes.
Desde aquella noche,
te veo, en el otro continente,
en otros lechos de otras mujeres,
y me duele todo,
y mis manos gritan
por no poder tocarte.
Desde aquella noche,
han pasado siglos
mis ojos se secaron
en la lucha por olvidar
aquella maldita noche.
Por Alicia Y.H.
viernes, 20 de mayo de 2016
"Lejos de las leyes de los hombres", El último de la fila
Yo he visto las maravillas de la creación
sin ni tan siquiera abrir los ojos.
Y tú siempre has estado a mi lado,
a miles de kilómetros o entre mis brazos.
Te amo como se ama por primera vez,
cuando aún no hay costumbres.
Lejos de las leyes de los hombres,
donde se diluye el horizonte.
He visto el paraíso y el infierno
sin ni tan siquiera abrir los ojos,
y tú siempre has estado a mi lado,
a miles de kilómetros o entre mis brazos.
Te amo como se ama por primera vez
cuando aún no hay costumbres.
Lejos de las leyes de los hombres
donde se diluye el horizonte
domingo, 11 de octubre de 2015
Harta
Estoy harta de estar harta
de que me traigan y me lleven
como un objeto inanimado
hombres, médicos e instituciones,
de que no sepan lo que siento
ni les importe.
Harta de mí misma
de flagelarme sin ton ni son
por arcaicas normas.
De no sacar mi interior
no darme la vuelta como un calcetín
y lanzarme a volar
por las alturas.
Estoy harta de estar harta
de dejarme llevar y traer
de que los demás me influyan
mientras mi energía lucha
por explotar en el exterior.
Alicia Y.H.
sábado, 19 de septiembre de 2015
No quiero amar
No quiero amar, porque duele.
Ese tiempo ya pasó.
No quiero conocer a nadie nuevo.
Me llevaste demasiado lejos.
Tu culpa por tocarme, la mía por perderme en tu piel.
Y me desgarra imaginarte con otras.
Y no saber si piensas en mí.
Tan lejos te fuiste...
Sigues siendo un fantasma.
Que aparece sin saber cuándo...
Alicia
domingo, 31 de agosto de 2014
Domingo de verano
La calle huele mal. La gente parece desagradable. Hace demasiado calor. Los dependientes son serios y callados. Menos el vendedor chino, que me da el cambio sonriente.
Me siento en un banco a beber zumo de naranja y fumar un Camel que he tenido que sacar de una máquina del bar más cercano porque olvidé ir al estanco el día anterior para comprar el tabaco de liar que suelo consumir. En una terraza cercana un grupo de amigos ríe. En otro banco una madre, quizá dominicana, juega con su hijo en el carrito. Una paloma solitaria y sucia me suplica migajas. Y me noto rara, con un ligero desgarro en el interior...
Termino rápido el cigarrillo y regreso a mi caótica casa, a mi acogedora y matricial casa. Mi guarida gatuna.
Busco en la nube y encuentro estas palabras con las que logro identificarme.
DOMINGO
(José Manuel Caballero Bonald)
La veis un día domingo.
Lleva un cuerpo cansado, lleva un traje cansado
(no lo podéis mirar),
un traje del que cuelgan trabajos, tristes hilos,
pespuntes de temor, esperanzas sobrantes
hechas verdad a fuerza de ir remendando sueños,
de ir gastando semanas, hambres de cada día,
en las estribaciones de un pan dominical.
La veis venir acaso de un afán desahuciado,
de una piedad con fábulas, la veis
venir y ya sabéis que está llamándose
lo mismo que la vida,
lo mismo que su traje hecho disfraz de olvido,
hecho carne de engaño comunal,
cortado a la medida de mensuales lágrimas,
de quebrantos tejidos con la última
hebra de la intemperie, con las trizas
de ese telar de amor donde entrevemos
la pobreza de todos que es un cuerpo sin nadie.
Sucede que es un día más bien canción que número,
más bien como una lluvia de inclementes pestañas,
de humilde mano abierta
que volverá a vestir de desnudez la vida.
Y entonces ya es mentira crecer sobre raíces,
ya es mentira ese sueño blandamente nocivo
que se nos va quedando arrendado en la piel,
que se consume hasta perderse
en un mísero rastro de caricia aterida,
hasta llegar a confundirse con un domingo anónimo,
con un tiempo de nadie hilvanado de lástima.
Y entonces ese día, el domingo,
ella viene llegando, corre, se nos acerca
(todos la conocemos),
nos mira igual que un charco
de amor recién secado, nos contagia
de todo cuanto es crédulo en su espera siguiente,
porque está consolándose con un jornal vacío,
porque está desviviéndose
en una vana sucesión de acopios para huir,
de ir contando los años por tránsitos de trajes,
por memorias zurcidas, por sueños arrancados
del retal de un domingo cegador e ilusorio.
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